| Investigación Histórica |
Breve artículo sobre la historia de la radio en la Argentina
Antecedentes
Al hablar de la experimentación con ondas inalámbricas en la
Argentina tenemos que recordar la figura de Tebaldo Ricaldoni, ingeniero uruguayo
que desde el año 1892 comenzó a enseñar e investigar en
el Colegio Nacional de Buenos Aires. Investigador y docente entusiasta dedicado
al gabinete o a su taller particular. Nombrado oficial de instrucción
pública por el gobierno de Francia en 1899 aproximadamente. El prestigio
ganado por Ricaldoni hizo que fuera incluido en el equipo que convocó
Joaquín V. González para fundar la Universidad Nacional de La
Plata. Al Ingeniero Ricaldoni se le adjudicó la formación y dirección
del Instituto de Física.
En 1898 se había instalado en Buenos Aires una pequeña estación
experimental construida por el Ingeniero Ricaldoni, basándose en las
experiencias de Branley, Popoli, Hertz y Marconi. La estación era algo
rudimentaria, pese a ello Ricaldoni consiguió comunicarse con otra estación
similar que funcionaba a bordo del vaporcito “Vigilante” a 50 Km.
de distancia.
El primer radiotelegrama fue transmitido a una distancia de 9 Km. donde el ingeniero
Ricaldoni saludaba desde la dársena Norte del puerto de esta capital
al presidente Roca a bordo del “vigilante”, cuando este último
regresaba de hacer una entrevista con el presidente de Chile.
El aparato receptor empleado por Ricaldoni se diferenciaba del de Marconi en
el cohesor que en lugar de tener un tubo de vidrio, tenía uno de ebonita,
con una pequeña cantidad de bismuto entre las limaduras. El transmisor
consistía en una bobina de Ruhmkorff y un chisporroteo formado por dos
esferas de metal de 30 centímetros de diámetro, la descarga se
obtenía mediante un condensador de capacidad eléctrica apropiada.
De radioaficionados se trataba
Desde 1910 existían radioaficionados en Buenos Aires y desde la ciudad
de Bernal, pleno campo en ese momento, recibieron comunicados de bases en Canadá
e irlanda. Desde 1898, ingenieros como Ricaldoni o Belloq realizaron experiencias
precarias de telegrafía inalámbrica. En 1913, Belloq recibió
la primera licencia de radioaficionado.
En 1915 jóvenes radioaficionados de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza
constituían una especie de hermandad que se comunicaba noticias, entablaba
charlas a distancia y hasta intercambiaba recitales de piano o violín.
Fue en el año 1917 que el doctor Enrique Telémaco Susini les dijo
a sus tres amigos estudiantes de medicina y radioaficionados: “Miren,
muchachos: si un día, nosotros, pudimos escuchar por radio el canto de
un gallo, debe existir la posibilidad de transmitir la voz humana. O la música.
Se imaginan que grandioso sería?”. Al grupo le sobraba imaginación,
como para suponer ya lo que Susini planeaba. Enrique Susini, de 25 años,
su sobrino Miguel Mujica, de 18, César Guerrico y Luis Romero Carranza,
de 22 años, tenían el asunto de la radio y el deseo y la necesidad
de una transmisión masiva desde aquel momento en sus pensamientos. No
sabían que muy pronto podrían materializar ese proyecto que les
permitiría impulsar un invento capaz de trasladar a todos los pueblos
el sonido y las voces de las personas dentro de nuestro país.
El grupo seguía con pasión la información disponible en
forma de libros, y revistas sobre radio que llegaba hasta ellos. Los principios
de Hertz, Braun y Marconi, iban creando en ellos un banco de conocimientos y
un cúmulo de inquietudes que los iba acercando a los secretos del descubrimiento
y uso de “la transmisión inalámbrica, sin conductores y
a distancia”, a la que el ruso exiliado en Estados Unidos, David Sarnoff,
le había puesto una marca en 1916 cuando logró transmitir por
aire información, música, noticias, ideas.
Con la guerra del 14 se interrumpe la llegada de material bibliográfico
a la Argentina sobre radiotelefonía. Durante el conflicto bélico
la radio crece, pero trincheras adentro, y forma parte de un arsenal, de esta
manera se transforma en un instrumento estratégico para quien la tiene
y la sabe usar como medio de comunicación.
Volviendo a nuestro país, a partir de 1912 en Buenos Aires, algunos radioaficionados, adolescentes, como Ernesto Pita Romero, acostumbraban a compartir lecturas del Martín Fierro o a pasar discos desde su equipo, había un personaje llamado Ignacio Gómez Aguirre, quien recibía la transmisión y la respondía mediante el sistema Morse, era un muchacho de la barra de Susini que colaboró hasta el 26 de Agosto de 1920 en la preparación del lanzamiento de la radio.
En 1917 Susini ingresa como médico de la armada. Al finalizar la guerra
en 1918 ésta le encarga a Susini que estudie en los frentes de batalla
el efecto de los gases asfixiantes y paralizantes sobre las vías respiratorias.
En el ejército francés consigue algunos equipos de radio casi
abandonados, con transmisores de 5 kilowats de potencia y poco uso, válvulas
de rezago marca Phaté y lámparas marca metal en buen estado. Con
estos equipos, los datos obtenidos en Europa más los datos sobre su especialidad
médica vuelve a la Argentina.
Con estos nuevos conocimientos y elementos técnicos traídos de
Europa, sumando todas las ganas por realizar una transmisión digna de
una primera vez, el grupo decide que esa transmisión será la de
Parsifal, desde el teatro coliseo el 27 de Agosto de 1920. El equipo se veía
precario. El único micrófono que se pudo conseguir para tomar
los ruidos del ambiente era uno para sordos, que fue ubicado en el paraíso
del teatro coliseo. Este transmisor de 5 humildes Vatios “volvía
a pelear como en la guerra”, instalado en la azotea del edificio, los
alambres para bobinas, los transformadores, los condensadores, todo estuvo listo
ese 27 de Agosto y funcionando como correspondía. Entre el teatro y la
cúpula de la casa de Cerrito y Charcas fue colocada la antena. La transmisión
fue realizada con éxito aunque todavía en aquella época
escuchada por pocos. Desde ese momento los programas siguieron sin interrupciones.
Al siguiente día se transmitió Aída, por la tarde nuevamente
Parsifal y a la noche Iris, con Gilda Dalla Rizza y Benjamino Gigli. El Lunes
pasaron Rigoleto, después Manón, y actuaciones especiales de la
compañía lírica del teatro municipal de Rió de Janeiro.
Susini definió al grupo de amigos de la siguiente manera: “Éramos
médicos estudiosos de los efectos eléctricos en medicina, y también
radioaficionados, lo suficientemente bien informados como para estar a la vanguardia.
Pero básicamente éramos personas imaginativas, amantes de la música
y el teatro y por eso se nos ocurrió que este maravilloso invento podía
llegar a ser el más extraordinario instrumento de difusión cultural”.
“Según el historiador Edgardo Roca, la radiotelefonía argentina
nació como un entretenimiento de aficionados que jugaban a transmitir
y recibir. Pero el tiempo, afirma Roca, transformó ese hobbie de locos
de la azotea en algo imprescindible en todos los hogares.”
Para redondear este artículo vamos a recordar a Adolfo Cirulli, que con
13 años de edad se convirtió en el colaborador más eficaz
de Susini, formando parte entonces de los pioneros de la radio. Si bien todavía
no había una terminología para cada rol desempeñado en
la radio, podemos decir que Cirulli fue operador de sonido, disc jockey, locutor,
productor y asistente de primera categoría. Cada 15, 30, y 60 minutos
golpeaba sobre una lata de aceite vacía, anunciando la hora oficial.
Como vemos en todo esto había pasión, ganas, deseo y necesidad
de hacerlo.
Bibliografía
Días de radio. Historia de la radio argentina. Carlos Ulanovsky, Editorial
Espasa Calpe. Edición 1996
Buenos Aires. Biblioteca particular
Saber y tiempo. Revista de Historia de la ciencia. Volumen 4 número
13. Enero-Julio de 2002. Publicación de la asociación biblioteca
José Babini. Tebaldo Jorge Ricaldoni: inventor o científico?.
Página 75.
Biblioteca particular
100 año de vida cotidiana. Suplemento Diario La Nación. 1997.
Fascículos 6, 21 y 19